# Dejarlo Todo y Que No Alcance
## Derrota Tras Derrota, Un Nuevo Aprendizaje
El fútbol es un invento. Según leí en un libro de Tomás de Vedia, arrancó como un pasatiempo en los pueblos ingleses para liberar tensiones. No había muchas reglas y lo importante era lo que venía después, juntarse entre amigos para compartir un momento. De ahí fueron apareciendo las reglas, las cuales también son un invento. Las reglas del fútbol son completamente arbitrarias. No hay ninguna razón para que se juegue 11 contra 11 en vez de 12 contra 12, o 10 contra 10. Las medidas de la cancha y de los arcos llevan cierta lógica dada la cantidad de jugadores y la fisionomía humana, pero también son completamente arbitrarias. Porque son arbitrarias es que el fútbol está lleno de variantes: fútbol 5, 7, 8, 9; torneos de 3 contra 3, futsal y fútbol playa, fútbol tenis, campeonatos de penales, batallas de arqueros y muchos más. El punto no son las reglas, el punto es jugar. Lamentablemente, muchas veces nos olvidamos de que el punto es el de jugar, distenderse, y compartir un momento.
El fútbol es un invento (como lo son muchas otras cosas) y lo que generamos alrededor del mismo es un relato. Nosotros construimos, individualmente y a nivel grupal, toda una historia sobre las cosas que hacemos. Quién es mejor o peor, qué marca de ropa tiene las mejores camisetas, quién "merece" o "no merece" algo. No tiene nada malo contarse un relato, es divertido, es apasionante, nos motiva a hacer lo que nos gusta. Sin el relato no tendríamos motivos para hacer las cosas. El relato se vuelve nocivo cuando no podemos notar cómo nos afecta, cuando la historia que nos contamos se convierte en todo lo que somos.
Yo me creía el relato del fútbol y ataba mi autoestima a los resultados de un encuentro. Si ganábamos estaba contento, si perdíamos, no quería saber nada de la vida, me encerraba durante horas a analizar el partido recién terminado. Y este último año nos la pasamos perdiendo. De partidos oficiales de AFA, ganamos uno solo en todo el año. En el clausura, perdimos todos los partidos. Así que este año me la pasé encerrado en mi cuarto, deprimido, tratando de entender qué es lo que pasaba. Con resultados así, fue imposible escapar a lo que para mí en su momento era algo terrible: el descenso.
### Facetas
El fútbol es lo que más me gusta hacer. Me encanta entrenar, me encanta jugar, me encanta el desafío de superarme día a día, y en el fútbol encontré cómo sentir al máximo todas esas emociones. Estaba convencido de que para mí el fútbol era todo. Camila, mi pareja, me decía "siempre encontras la manera de hablar de fútbol." Era tal mi obsesión que no me daba cuenta que tan solo es una faceta de mi vida. Hoy ocupa una parte enorme de mi tiempo, pero quizás más adelante no. Hay muchas otras cosas que me gusta hacer, en las que soy bueno y en las que soy malo. Creo que ni siquiera mis amigos más cercanos entienden lo que hago de trabajo o entienden que probablemente sea una de solamente 30-40 personas en el mundo que sabe hacer lo que hago en mi especialidad. Es algo que también ocupa una gran parte de mi tiempo y la mayoría de las personas ni lo sabe porque siempre hablo de fútbol. Ni siquiera hay que ser bueno en la faceta para disfrutarlo, los que recuerdan la etapa de Divertite saben a la perfección que por más onda que le ponga a la música, no tengo talento para nada.
La falta de talento creo que es algo general para mí, no me sale nada con facilidad. Para compensar, desarrollé una gran fuerza de voluntad, la cual me lleva a intentar las cosas sin importar lo malo que puedo llegar a ser, o la cantidad de veces que erro. Hasta ahora, esforzarme me dio grandes satisfacciones. Hasta ahora, para mí esfuerzo era igual a resultado positivo, y este año me re esforcé, pero así y todo, no se daban los resultados. Tuve un par de malos partidos y me esforcé para mejorar porque creía que perdíamos por mi culpa. Luego tuve 5 partidos al hilo en un gran nivel y seguíamos perdiendo. Ahí pensé que yo también era el responsable por no hacer que mis compañeros levantaran su nivel. En mi cabeza creía que yo tenía que poder contagiarles las ganas de progresar y esforzarse para mejorar.
Lo que no podía ver era que en un deporte grupal, me estaba enfocando siempre en mí esfuerzo, en mí responsabilidad. Me castigaba excesivamente sin dar lugar a que en una actividad en equipo, las responsabilidades son compartidas.
### Comunión
En Ferro tuvimos un gran grupo de personas. Ir semana tras semanas a poner la cara, luego de haber perdido tantos partidos seguidos, no es para cualquiera. Creo que toda la gente que estuvo en el plantel del 2023 tiene que estar orgullosa de que no son personas que abandonan ante las pálidas. La pasamos bien haciendo cosas afuera de la cancha, quedándonos a comer después de un partido, o después de entrenar. Lamentablemente, esa buena onda no la pudimos trasladar al equipo. Me lo dijo un compañero luego de consumado el descenso: "no hubo comunión."
Esa frase enseguida me resonó fuerte porque era así, nos faltó unirnos por un objetivo en común. Algunos nos lo tomábamos serio, otros más casual. A algunos les molestaba perder, a otros les daba lo mismo. No había esa energía de tirar todos para el mismo lado. Nos faltó compañerismo en muchos momentos dentro de la cancha. No nos peleamos nunca, o casi nunca, siempre hubo mucho respeto en ese sentido. Creo que a veces nos tendríamos que haber puteado mucho más.
Por miedo a quedarme sin compañeros nunca me puse firme en exigir más. Si faltaban a entrenar, no decía nada, y cuando necesité ayuda, no la pedí por miedo a molestar. Era tal mi miedo a no poder competir, me aferraba tanto al deporte que terminaba tomando miles de responsabilidades que no me correspondían y llevaban mi foco de atención a otro lugar, en vez de enfocarme en jugar.
Creo que nunca creímos realmente que fueramos a perder la categoría. "A Zelaya le ganamos" repetíamos sin cesar como para darnos algo de esperanza, pero cada vez nos complicábamos más. Zelaya también perdía pero metía buenos resultados, y nosotros cada vez jugábamos peor. Era enloquecedor porque teníamos buenos jugadores y hacíamos cosas buenas pero siempre terminábamos perdiendo. De 18 partidos, perdimos 9 por un gol. No es que eramos un desastre y nos goleaban siempre. Nuestros mismos rivales no entendían cómo habían ganado a veces. "¿Otra vez?" nos preguntábamos. Los vestuarios post-derrota eran un bajón. Silencios eternos, caras largas.
Pensándolo ahora, dos meses después, me doy cuenta de que nos faltó alegría. Nos olvidamos de por qué jugábamos al fútbol, y terminamos sufriendo todo un año. Yo perdí la alegría, perdí las ganas de entrenar, de jugar, de ver a mis compañeros. Mi fuerza de voluntad le ganó a la apatía y pude terminar el año, pero lo terminé arrastrándome.
### Perspectiva
Cami un día me dijo "me tienen cansada de perder todos los partidos" y yo me lo tomé como falta de apoyo, me enojé un montón, me parecía hasta una traición lo que me había dicho. Pero Cami no estaba cansada de que perdiéramos. A Cami no le importa si gano o si pierdo, ella quiere que yo esté contento, ella quiere tener un domingo normal con su pareja. Y si cada vez que vuelvo de jugar, me encierro toda la tarde a analizar si atajaba una pelota más, o si sacaba mejor en algun contraataque, quizás ganábamos, ella no puede tener un domingo normal. Cami no se cree el relato del fútbol playa, para ella es una boludez, porque no es algo que le interese. El que se hacía toda una película de vida o muerte con el fútbol era yo.
Me pasó algo raro después de perder con Zelaya y quedar casi condenados al descenso, en vez de negarlo, empecé a aceptar la posibilidad del descenso. Esto no quiere decir que haya dejado de intentar, al contrario, hasta la última fecha salí a ganar el partido, aún dependiendo de un resultado ajeno. Pero al ser casi una realidad, me dí cuenta de que no era el fin del mundo el descenso, que el relato que me contaba yo me hacía creer que no iba a poder seguir, pero la vida me demostraba lo contrario. Los días seguían pasando, cosas afuera del fútbol seguían sucediendo, y el fútbol de repente no era lo único en mi vida.
Me costó un montón llegar a darme cuenta de que me había olvidado de por qué realmente jugaba al fútbol. Juego porque me encanta, porque me divierte. Me va a divertir en la A, en la B o en la J. Me divierte jugar al fútbol en todas sus formas, a mí me gusta jugar en general. Todo este año sufrí jugar al fútbol, y se vio reflejado en todas mis interacciones. Yendo a jugar la última fecha contra Racing estaba tranquilo, tenía ganas de disfrutar el partido, disfrutar de haber compartido todo un año con mis compañeros, y si bien también nos tocó perder, realmente estaba tranquilo. Lloré en el vestuario mientras me bañaba, obvio que lloré. ¿Cómo no iba a llorar con todo el esfuerzo que hice? Dejé todo lo que tenía por lograr salvarnos. No sé si habré tomado las mejores decisiones, pero estaba tranquilo de que realmente intenté todo lo que se me ocurrió. Jugué con el dedo gordo de la mano fisurado, jugué esguinsado, fui a entrenar con fiebre, no falté nunca. Me ocupé del COMET, del agua, de los entrenamientos, de grabar los partidos, de estar ahí para mis compañeros cuando lo necesitaran. Verdaderamente intenté todo lo que estaba a mi alcance.
### Un Gran Maestro
No diría que fue la primera vez que intenté algo con todo mi esfuerzo y no logré el resultado que quería, pero es la que recuerdo que intenté de miles de maneras y no se dio. No lo considero un fracaso, un fracaso es otra cosa, esto es simplemente un resultado deportivo. Dentro de los resultados deportivos también tuvimos chicos citados a las selecciones sub-20 y mayor, las chicas ganaron dos torneos y llegaron a la final en los otros dos que disputaron. Es todo parte de lo que es Ferro Fútbol Playa. Sería un fracaso si no le sacaramos ninguna enseñanza al haber descendido con el masculino.
Desde lo grupal, ya hemos sacado algunas conclusiones, incluso algunas que me sorprendieron. Yo sentía verguenza de hablar con los dirigentes luego de haber perdido la categoría, no quería afrontar esa charla. Lo que terminó sucediendo me hizo abrir los ojos. Recibí un mensaje de uno de los dirigentes donde me decía que lamentaba el descenso, pero que estuviera tranquilo que nos vieron esforzándonos siempre, entrenando, siendo competitivos. Desde su lugar se habían dado cuenta de que no nos habían dado todos los recursos necesarios para que fuera un éxito. Para el 2024 quieren involucrarse más y ayudarnos a ascender. Para mí fue super revelador recibir este mensaje, donde muchas veces me sentí solo, quizás no lo estaba, si no que yo no estaba pidiendo ayuda.
Me pasó lo mismo con mis compañeros. Creía que si descendíamos no se iba a quedar nadie, porque en mi cabeza descender y jugar en la B era lo peor que te podía pasar. Acá también me terminaría sorprendiendo, sobre todo en los chicos que más posibilidades tienen de jugar en otro lado. Todos me dijeron que había cosas para corregir, pero con algunos ajustes, estaban para seguir. En la mayoría de los casos, todos sienten que todavía este equipo tiene mucho para dar, ven el potencial de lo que podemos ser. Hay varios casos que no, chicos que creen el relato de que la A es lo máximo y que jugar en la B es la mayor verguenza de su vida. Benditas esas vidas, pienso yo, si lo peor que les pasó fue descender en fútbol playa.
Lo que me dejaron estas experiencias es que yo me sentía solo, pero tampoco pedía ayuda. Yo esperaba que la gente se me acercara. Por inseguridades mías, no pedía ayuda, por miedo a molestar, por miedo a quedarme sin compañeros. Hice demasiado y me dejé de enfocar en lo único que tenía que hacer: atajar.
### Objetivos
Atajar a mí me da vida, ya lo dije antes. Me encanta. Puedo tener la cabeza a mil, llena de preocupaciones, pero arranca el entrenamiento y hasta que no termina, ni me acuerdo. En los partidos lo mismo, mi atención está dedicada plenamente al encuentro. Quiero volver a disfrutar de jugar al fútbol. Me gusta jugar a todo, a la play, a las cartas, a miles de deportes, me la pasó inventado juegos o consignas en las reuniones familiares. Me olvidé de que el fútbol también es un juego. Para mí, el juego más lindo del mundo. Me olvidé de expresarme, me olvidé de ser yo en una cancha.
Tan grandes eran mis miedos, tan golpeado estuve, que me desorienté. No sabía qué más hacer, no sabía a quién escuchar. En toda esta confusión, me fui encerrando cada vez más en lo que a mí me pasaba solamente. Me olvidé de que en una actividad grupal, no es uno solo el responsable de todo. Me olvidé de buscar ayuda.
Se viene un nuevo Ferro, uno donde el foco va a estar en el amor al juego. De esa base partimos. Obviamente se hará todo con mucha seriedad, el objetivo es ascender, pero partimos del disfrute. El enfoque es jugar bien, divertirnos, expresarnos como más nos gusta. No vamos a perder de vista la comunión necesaria para lograr un buen resultado deportivo. Vamos a ser más solidarios, más compañeros. Por mi parte, voy a enfocarme en lo mío y pedir ayuda en lo que necesitemos. Confío en que va a ser un gran año.
### Conclusiones
Quizás hablar de haber aprendido que el fútbol es un relato y no hay que tomárselo con tanta seriedad, y a su vez escribir un ensayo de 3,000 palabras sobre el mismo, sea un poco contradictorio. Siempre escribí en parte para hacer catarsis, en parte para poder compartir algunas cosas que fui descubriendo.
Este 2024 me voy a enfocar en mí, y voy a volver a disfrutar. No voy a atar mi autoestima a un resultado deportivo. Lo que pasa en la cancha, queda ahí, sigo siendo Fermín. Tengo una pareja, tengo hermanos, tengo padres, amigos, gente que se merece mi mejor versión. Tengo otras cosas que me gustan, a las cuales también quiero dedicarles tiempo.
Si todavía estás leyendo, gracias por tomarte el tiempo. Cualquier duda, consulta o comentario, bienvenido.
Feliz año nuevo.