# Epidemiology commentary > La invitacion: Epidemiology is one of the leading general interest epidemiology journals. Given the pandemic, pandemic response, social and cultural movements, and numerous other local and global events this year, many of us are probing the meaning of epidemiology as a discipline and practice, and what it means to be an epidemiologist. We expect your work has been profoundly impacted, regardless of whether you work in infectious disease or other subdisciplines; whether you work in academia, government, industry, or other settings; whether you took on additional caregiver responsibilities or experienced personal hardships; whether you took on new roles to serve your communities in addition to your “usual” work…the list goes on. We also know that many of you are making profound impacts. We suspect that our collective experiences in 2020 will shape the future of our field. > > With this in mind, we are commissioning this series of commentaries with the theme of reflecting on this question: “What has it meant for me to be an epidemiologist in 2020?” Our goal is to obtain a wide range of voices representing different work settings, topic areas, gender identities, race/ethnicity, career stage, and geography. We believe that you would contribute an important perspective to this series. To be clear, we do not expect you to represent all of epidemiology or any subpart of it. We are interested in your personal and professional experiences (and the intersection of the personal and professional) as an epidemiologist in the year 2020. By combining these perspectives over a wide range of voices, we aim to document these lived experiences while we are still amid them. Soy de Bolivia, y crecí en La Paz dónde estudié Medicina. Me fui de Bolivia hace siete años to pursuit training as an epidemiologist. Primero viví en Argentina, dónde realicé mi master en investigación clínica en un contexto de aplicación hospitalaria. Posteriormente me mudé a Holanda para realizar mi doctorado, esto me permitiría formalizar mi entrenamiento y me daba la oportunidad única de aprender los métodos más novedosos de inferencia causal junto con un grupo reconocido internacionalmente. En Bolivia, ser epidemiologo es trabajo de campo, en Argentina la epidemiología es la base del trabajo aplicado en la investigación clínica o en políticas públicas, pero no necesariamente reconocida como una especilidad diferente. Es más, en Argentina no hay todavía una universidad dónde obtener el título de PhD en epidemiología. Aquí aprendí que hay subespecialidades en diferentes ramas de la epidemiología, enfermedades infecciosas, ensayos clínicos, prediction, etc. Ser parte de un equipo especializado en métodos de inferencia causal se siente como un logro inalcanzable habiendo construido mi carrera en sud américa, sin becas. Ser la única sudamericana de un LMIC es más que un achievement, es un orgullo y a la vez una responsabilidad. Pero la pandemia me ha hecho dar cuenta que tal vez **seguir este camino me aleja más de mis raíces y de los problemas de salud pública que me empujaron a seguir esta carrera en primer lugar**. En un principio me di cuenta de esto al no tener colegas que compartan mis inquietudes como expats de la región. En este tiempo me di cuenta que la mayor parte de las discusiones que sigo sobre epidemiología son de voces del hemisferio norte. Por ejemplo, la serie de comentarios que fueron publicados en la Revista Epidemiology, respecto a la reconciliación de la epidemiología social e inferencia causal fueron comentarios escritos en casi su totalidad, con excepción del Dr. Onyebuchi A Arah, por personas con nacionalidad y residencia de un país del hemisferio norte. La falta de diversidad en los espacios dónde se discute la metodología y los paradigmas de la epidemiología excluyen el punto de vista de Sud América, lo cual me hace sentir como una outlier. El no poder leer y participar de discusiones legítimas dónde se aplica mi área de expertise que estoy desarrollando, en problemas reales de países como Bolivia, donde el contexto social, económico y político está vinculado a la salud pública, y dónde las capacidades de realizar investigación son limitadas, me hace sentir q tal vez no pertenezco en este área. Tal vez realmente por poner mis ambiciones personales (de aprender metodología) en primer lugar, estoy fallanado en mi accountability como epidemiologa (quiero usar esta palabra q tanto les gusta a les gringes). (no sé cómo poner comentarios desde el teléfono, pero sí, accountability a full) Por otra parte, esta pandemia me ha permitido vincularme con actores locales bolivianos que estan haciendo trabajo de campo para mitigar los efectos de la pandemia en la sociedad. Debido a los conflictos políticos de mi país y la falta de respuesta de los stake holders, la gente en las calles se ha autoconvocado y está desarrollando estrategias comunitarias para sobrellevar la pandemia. (quizas podes cuy citar la nota del new york times) Esto me ha permitido ponerme en contacto con un equipo multidisciplinario (citalo si puedes, link a web, nombre, algo) con el cual desarrollamos una plataforma para visibilizar y compartir estas estrategias de autogestion comunitaria. Además esto me permite que ver que muchas de las estrategias que nacen a partir de una real necesidad son igual de valiosas que las estrategias q se desarrollan en otros lugares, aunque sean más sofisticadas, pero con cero aplicabilidad. (Yeli, presidenta! me encanta!) La pandemia me ha enseñado que mi rol como epidemiologa debería ser principlamente escuchar y entender a la población y sus problemas para poder desarrollar investigación y estrategias diseñadas al contexto, sin perder de vista las reales necesidades de la población en contraste a lo que se publica en las revistas de epidemiología del norte. (desde "en contraste..." no hace falta, es un palo que les ofenderá, al fin y al cabo, estás escribiendo esto para una de esas revistas. ya lo dijiste antes, no hace falta repetir) Entender cómo combinar mis motivaciones, mis raices, y mi privilegio de pertenecer a un grupo academico tan importante como al que pertenezco, es un reto y crecimiento continuo. Al menos, El tema de la descolonizscion de la salud pública ha dejado de ser una anectods personal y más una luz duda como un growing pain o una crisis vocacional. Pero tengo la ilusión que la pandemia nos confrontará y exigirá dismunuir la brecha entre la teoría y la realidad en terreno. Para esto necesitamos más espacios de integración entre metodólogos, investigadores aplicados y epidemiologos que trabajan en el gobierno. Pero sobre todo, necesitamos convocar y abrir estos espacios de discusión a una real diversidad, donde no sólo se incluya genero y raza, sino que se amplifique la inclusión a epidemiologues de otras partes del mundo, sobre todo del hemisferio sur. Cuando empecemos a escucharnos y eliminemos las barreras del lenguaje y territoriales, la epidemiología y su utilidad se enriquecerá con la experiencia y gran potencial que existe por debajo de la línea del ecuador, y ese es será un verdadero win-win. (agregaria - los recursos necesarios para hacerlo ya existen, solo se requiere hacerlo suceder. o algo así) mantendría solo el ítem 1 de lo que sigue Otras cosas que habia escrito antes pero no sabria 1. Es muy dificil explicarle a alguien del primer mundo los problemas sociales, estructurales y el nivel de pobreza que existe en un país en vías de desarrollo. 2. Que muchas de las estrategias de contención sanitaria desarrolladas aquí no tienen ninguna capacidad de aplicación inmediata porque no están desarrolladas para la realidad local 3. Que los conflictos políticos entre partidos han generado una inestabilidad social, al punto de que ni en medio de la pandemia, entre instituciones gubernamentales, públicas no pueden articularse para desarrollar un plan estratégico que alcance a la población completa. 4. Es dificil explicar que, para implementar un algoritmo de predicción para triaje, se necesitan datos locales, pero que aún los médicos utilizan máquinas de escribir para realizar la historia clínica de los pacientes.